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El orgasmo, ¿una obligación o un momento de liberación?

Para empezar a hablar de placer y de bienestar sexual, es importante que toquemos y analicemos algunos de los preconceptos que tenemos alrededor de la sexualidad. Para abrir esta serie de conversaciones, quiero que empecemos hablando del orgasmo.

 

Todes sabemos que mucho de la expectativa del encuentro sexual viene de la expectativa del orgasmo como un objetivo, que influye sobre la presión que tenemos de desempeñarnos “como se debe” en un encuentro íntimo, en especial cuando hablamos de la penetración.

 

Hoy estoy interesada en tocar una arista distinta del tema y también dar una razón por la cual pienso que ponemos al orgasmo como nuestro “super objetivo”.

 

Muchas veces, cuando nos encontramos en un encuentro íntimo, hay una sensación de un comienzo, un medio y un final, y de que necesariamente necesitamos pasar cada etapa. Capaz puede ser porque de acuerdo a investigadores como Masters y Johnsons, el ciclo de la respuesta sexual humana está dividida en 4 partes (o 3, de acuerdo a la investigadora Helen Kaplan) diferentes. Masters y Johnsons nos hablan de que existen la excitación, la meseta, el orgasmo y la resolución, cuando Helen Kaplan argumenta que sólo existen el deseo, la excitación y el orgasmo. 

 

Efectivamente tenemos una respuesta sexual cíclica, pero el punto es que esta respuesta no es una que debemos mantener desde el principio hasta el final.  A pesar de eso, y debido a los medios de comunicación y a los intereses de diferentes corporaciones a través de las décadas, nuestra conciencia alrededor de las relaciones sexuales se volvió bastante unificada: el sexo debe ser heterosexual, debe estar definido por la penetración, y el sexo termina la mayoría de las veces cuando el hombre cis heterosexual acaba. Y hasta ahí. 

 

¿Y cuál es entonces el resultado? 

Todos tenemos presión por desempeñarnos “como se debe” en el sexo y sentirnos eficientes, y perdemos el foco de lo que es de verdad importante: nosotres, nuestros sentimientos, y los de la/s persona/s que tenemos enfrente cuando estamos en un encuentro íntimo. 

 

No todes tenemos sexo de la misma manera, y en la gente que le gusta el BDSM, por ejemplo, el “guión” este, que algunes lo sentimos como tanta presión de que se de en el encuentro sexual convencional, no existe en este contexto. El BDSM, es decir, el deseo de dominar y/o ser dominado, y el deseo de dar y/o recibir dolor, es un contexto en el cual es indispensable la comunicación y la creación de reglas diferentes. Aquí, las personas necesitan expresar sus sentimientos y sus necesidades, necesitan decir qué es lo que les gusta y qué es lo que no, incluso antes de meterse en la cama. Porque, por ejemplo, si quisiese que me pegasen, tendría que estar dispuesta a decir cuánto y dónde me gustaría, y también ser capaz de decir basta. Y que la o las personas que estén en frente mío lo respeten.

 

Entonces no todes estemos interesades en el BDSM, pero sí creo que hay cosas que es bueno tomar de esta estructura. Primero que todo, la capacidad de comunicar y de cerciorarnos que le otre de verdad está disfrutando de lo que hacemos y de lo que está pasando. En el encuentro heterosexual no siempre nos acordamos de preguntar. Y segundo, la capacidad de hablar y de expresar lo que nos gusta y lo que no. Cuántos menos problemas tendríamos si pudiésemos ser capaces y nos sintiésemos segures de poder decir lo que tenemos en el corazón. 

 

Para finalizar, y volviendo al inicio, está bueno que podamos replantearnos cómo es que queremos sentirnos cuando estamos en un encuentro íntimo. Porque (por suerte) no tenemos a nadie vigilandonos, y en ese momento, tenemos la oportunidad de tirar a este guión con el que venimos, y transformar esto en un juego, dónde el orgasmo capaz no sea el objetivo final, sino una forma más de descubrirnos.  

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